Cuando se despide a un ser querido, las palabras escasean. Estos pasajes ofrecen consuelo, honestidad ante el dolor y esperanza.
Consuelo en la despedida
La Biblia no esconde el dolor. Salmos y Job están llenos de lágrimas, preguntas y silencios, y por eso sus palabras acompañan tan bien a quienes lloran. Muchos de estos textos se han leído en funerales durante siglos, porque dicen con sencillez lo que cuesta expresar.
Qué puedes encontrar aquí
- Salmos que presentan a Dios como pastor y refugio en el valle más oscuro.
- Pasajes que reconocen la brevedad de la vida sin negar el consuelo.
- Promesas de que Dios enjugará las lágrimas y de que la muerte no tendrá la última palabra.
No hace falta explicarlo todo ni tener respuestas. A veces basta leer despacio, en voz alta o en silencio, y permitir que el texto acompañe a la familia durante esos días difíciles.
Cómo elegir un versículo
Para una lectura en el servicio, conviene escoger un texto breve y conocido, como el Salmo 23. Para una tarjeta de pésame, basta una frase que hable de cercanía y paz. Cada versículo trae una nota que explica el contexto, para no sacarlo de su sentido. Si tú mismo estás pasando por el duelo, quizá te ayuden también los versículos de esperanza y los versículos de paz.
Versículos de esta colección
- Salmos 23:1-3 – Salmo de David. JEHOVÁ es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto á aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre.
El salmo más conocido de David presenta al Señor como pastor que da descanso, agua y restauración. - Salmos 23:4 – Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
El salmo llega al valle más oscuro, donde la presencia del pastor, su vara y su cayado dan consuelo en lugar de miedo. - Salmos 23:5-6 – Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.
El salmo termina con una mesa preparada y bondad que acompaña al autor, hasta habitar en la casa del Señor para siempre. - Salmos 34:18 – Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.
David escribe que el Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los abatidos de espíritu. - Salmos 147:3 – El sana á los quebrantados de corazón, y liga sus heridas.
Un salmo de alabanza afirma que Dios sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas. - Salmos 46:1-2 – Al Músico principal: de los hijos de Coré: Salmo sobre Alamoth. DIOS es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida; aunque se traspasen los montes al corazón de la mar.
Dios es refugio y ayuda siempre presente en la angustia; salmo muy leído cuando la vida se siente inestable. - Salmos 121:1-2 – Cántico gradual. ALZARÉ mis ojos á los montes, de donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
Un peregrino levanta los ojos a los montes y declara que su ayuda viene del Señor, creador del cielo y la tierra. - Salmos 116:15 – Estimada es en los ojos de Jehová la muerte de sus santos.
El salmista dice que la muerte de los fieles de Dios es preciosa ante sus ojos. - Salmos 116:8-9 – Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de desbarrar. Andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes.
El autor agradece a Dios por librarlo de la muerte y de las lágrimas, y espera andar delante de él. - Salmos 27:1 – Salmo de David. JEHOVÁ es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?
David proclama que el Señor es su luz y salvación, por lo cual no tiene a quién temer. - Salmos 27:4 – Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
David anhela habitar en la casa del Señor y contemplar su hermosura; un versículo sobre estar en la presencia de Dios. - Salmos 27:13-14 – Hubiera yo desmayado, si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda á Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera á Jehová.
David expresa su confianza de ver la bondad de Dios y se anima a sí mismo a esperar al Señor. - Salmos 30:5 – Porque un momento será su furor; mas en su voluntad está la vida: por la tarde durará el lloro, y á la mañana vendrá la alegría.
Salmo de gratitud: el llanto puede durar la noche, pero con la mañana llega la alegría. - Salmos 31:9-10 – Ten misericordia de mí, oh Jehová, que estoy en angustia: hanse consumido de pesar mis ojos, mi alma, y mis entrañas. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar: hase enflaquecido mi fuerza á causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido.
David describe un dolor que desgasta cuerpo y fuerzas, palabras sinceras que hoy pueden expresar el duelo. - Salmos 31:14-15 – Mas yo en ti confié, oh Jehová: yo dije: Dios mío eres tú. En tu mano están mis tiempos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores.
En medio de la angustia, David dice confiar en el Señor y que sus tiempos están en manos de Dios. - Salmos 42:5 – ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.
El salmista se habla a sí mismo, abatido, y se ordena esperar en Dios, a quien aún alabará. - Salmos 56:8 – Mis huídas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?
David pide a Dios que registre sus andanzas y guarde sus lágrimas en un odre, pues nada se olvida delante de Dios. - Salmos 62:1-2 – Al Músico principal: á Jeduthún: Salmo de David. EN Dios solamente está acallada mi alma: de él viene mi salud. El solamente es mi fuerte, y mi salud; es mi refugio, no resbalaré mucho.
El salmista dice que su alma espera en silencio solo en Dios, su roca y su salvación. - Salmos 63:1-3 – Salmo de David, estando en el desierto de Judá. DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas; Para ver tu fortaleza y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán.
Desde el desierto, David confiesa sed de Dios, cuya misericordia es mejor que la vida. - Salmos 73:23-26 – Con todo, yo siempre estuve contigo: trabaste de mi mano derecha. Hasme guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Asaf, atormentado por la duda, descubre que Dios lo sostiene de la mano y es la fortaleza de su corazón cuando la carne desfallece. - Salmos 86:5 – Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
El salmo afirma que el Señor es bueno, perdonador y grande en misericordia con quienes lo invocan. - Salmos 90:1-2 – Oración de Moisés varón de Dios. SEÑOR, tú nos has sido refugio en generación y en generación. Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Atribuido a Moisés, este salmo comienza llamando a Dios nuestro refugio de generación en generación, de eternidad a eternidad. - Salmos 103:13-14 – Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo.
El Señor se compadece de quienes lo temen, como un padre de sus hijos, pues sabe que somos polvo. - Salmos 103:15-17 – El hombre, como la hierba son sus días: florece como la flor del campo. Que pasó el viento por ella, y pereció: y su lugar no la conoce más. Mas la misericordia de Jehová desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos;
La vida humana se compara con la hierba y la flor, frente a la misericordia de Dios que dura de siglo en siglo. - Salmos 130:5-6 – Esperé yo á Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera á Jehová más que los centinelas á la mañana, más que los vigilantes á la mañana.
El salmista espera al Señor más que los centinelas la mañana, una imagen de esperanza paciente. - Salmos 139:7-10 – ¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿y adónde huiré de tu presencia? Si subiere á los cielos, allí estás tú: y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás. Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo de la mar, Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
David pregunta adónde huir de la presencia de Dios y descubre que allí está él, en el cielo, en el abismo y al otro lado del mar. - Salmos 145:18 – Cercano está Jehová á todos los que le invocan, á todos los que le invocan de veras.
El Señor está cerca de todos los que lo invocan de verdad; versículo para quienes se sienten solos. - Salmos 16:9-11 – Alegróse por tanto mi corazón, y se gozó mi gloria: también mi carne reposará segura. Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida: hartura de alegrías hay con tu rostro; deleites en tu diestra para siempre.
David se alegra y está seguro, confiando en que Dios no lo dejará en el sepulcro sino que le mostrará el camino de la vida. - Job 1:21 – Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito.
Tras perder a sus hijos y sus bienes, Job responde con adoración; sus palabras se citan a menudo en los funerales. - Job 19:25-27 – Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo: Y después de deshecha esta mi piel, aun he de ver en mi carne á Dios; Al cual yo tengo de ver por mí, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mis riñones se consuman dentro de mí.
Job, en medio de un sufrimiento profundo, declara su convicción de que su Redentor vive y de que verá a Dios. - Job 14:1-2 – El HOMBRE nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores: Que sale como una flor y es cortado; y huye como la sombra, y no permanece.
Job reflexiona sobre lo breve y azaroso de la vida humana, un lenguaje que expresa el dolor sin disimularlo. - Eclesiastés 3:1-4 – Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
El Predicador dice que hay tiempo para todo bajo el cielo, también para llorar y para endechar. - Eclesiastés 3:11 – Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.
El Predicador afirma que Dios hizo todo hermoso en su tiempo y puso en el corazón humano la noción de eternidad. - Eclesiastés 7:2 – Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.
El Predicador dice que es mejor ir a la casa de luto, pues allí se ve el fin de todos y el que vive debe tomarlo en cuenta. - Eclesiastés 12:7 – Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á Dios que lo dió.
Al final de Eclesiastés, el polvo vuelve a la tierra y el espíritu regresa a Dios, quien lo dio. - Isaías 25:8 – Destruirá á la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros: y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra: porque Jehová lo ha dicho.
Isaías vislumbra un día en que Dios destruirá la muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos los rostros. - Isaías 26:3 – Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado.
Dios guarda en perfecta paz a quien mantiene su pensamiento en él, porque confía en él. - Isaías 40:1 – Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.
El libro de consuelo de Isaías comienza con Dios ordenando al profeta consolar a su pueblo. - Isaías 40:11 – Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente las paridas.
Dios se presenta como pastor que recoge los corderos en sus brazos y conduce con ternura a las ovejas con crías. - Isaías 41:10 – No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Dios dice a su pueblo que no tema, pues está con él y lo fortalece y sostiene.
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